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Una mañana me desperté con fuertes cólicos menstruales que me desesperaban, luego de tanto quejarme por el ciclo menstrual, me detuve a analizar mi dolor y a darme cuenta lo saludable que estaba mi cuerpo. ¡Sé que suena raro! Pero me di cuenta que no solo debo estar para las personas que queremos y nos rodean, sino para nosotras, para mí. Debemos escuchar nuestro cuerpo para poder comprenderlo.

Allí agradecí ese dolor, porque sin él, no me hubiese dado cuenta que muchas veces estamos inmersos en la rutina y no nos damos unos momentos para hablar con nosotras mismas. ¡Todo tiene un porqué y para qué! Y nosotras somos tan poderosas, que lo que no vemos por andar poniendo otras prioridades, el cuerpo lo manifiesta, jamás lo calla.

Luego de meditar mi dolor por causa de unos fuertes cólicos, estos desaparecieron como por arte de magia. Así que mi invitación y el propósito de este escrito, es que dejemos de reprochar por lo que ocurre o no ocurre, ¡Cree en la magia de la perfección, y miremos más allá del dolor, más allá de lo cotidiano; observemos lo inmarcesible y lo sanador de la gratitud y el amor!

El dolor puede ser nuestro mejor aliado en muchas ocasiones para salir de nuestra zona de confort. El dolor es tan necesario para que nazcan pensamientos de motivación, sin embargo, el verdadero reto es tomar acciones de esos pensamientos motivadores y no quedarnos estancadas.

Por último, que nuestros poderes de magia sean la resiliencia y el autocontrol al lado de Nosotras.

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