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Era el año 2006, tenía aproximadamente 11 años, desde siempre a mi hermana Karen y a mí nos encantaba el fútbol. Nosotras nos pasábamos horas jugando en la canchita del barrio. Las madres de los demás niños le decían a mi mamá que eso no se podía permitir, puesto que nosotras somos niñas y no niños, lastimosamente ante la sociedad estaba mal visto que las niñas hicieran las supuestas cosas de niños.

Pero agradezco a Dios que nos haya dado la madre que nos dio, porque nunca le importó lo que la gente le decía. Con el tiempo ella nos mandó a prácticas de fútbol ¡y nosotras estábamos muy felices! Porque era nuestro sueño.

Un día mi hermana y yo hablamos con las demás niñas de barrio para comentarles que queríamos organizar torneos de barrio en la podíamos participar todas las mujeres, ¡A todas les encantó! pues a muchas niñas también les encantaba el fútbol como a nosotras, pero no decían nada por miedo a la sociedad, quizás por el que dirán.

Desde ese día todos los fines de semana nos juntábamos todas las niñas e incluso las madres para jugar el torneo de barrio ¡Fue uno de los momentos que más amé! Desde ahí entendí que no podemos dejar de hacer lo que nos gusta porque alguien dijo que eso no era para nosotras, ¡Qué equivocado estaba! Podemos jugar fútbol y muchas cosas más y eso a diario lo demostramos.

La mayoría de las veces tenemos miedo de hacer algo que tanto nos gusta solo por culpa de la sociedad; considero que es un tipo de bullying pues también nos hiere mucho porque no nos permite hacer lo que más nos gusta, por miedo al qué dirán.

Debemos entender que todos y todas, ¡tenemos los mismos derechos! Sin importar de qué género seas, ni qué gustos tengas. ¡Todos somos iguales! Y todos podemos hacer las mismas cosas que nos gustan.

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