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Todo comenzó un día en el colegio, tenía trece años. Había una casa abierta para la venta de comida preparada por los estudiantes, así que habían muchas personas además de mis compañeros, estábamos realizando una pizza. De repente sentí un dolor en el vientre, no le tome importancia, pensé que tenía hambre al ver tanta comida.

Pero de pronto me sentí mojada y ¡oh no! ¡Ese día llegó mi primer período! era algo de lo que no tenía mucha información, solo sabía que iba a pasar la peor vergüenza; de pronto mi día no pudo ser peor. El chico que me gustaba se me acerca a preguntarme por qué no voy a seguir ayudando con la pizza y se dio cuenta de mi terrible mancha; lo primero que se me ocurrió responder es que me senté encima de la ketchup, lo peor fue que más compañeros se estaban acercando a mí.

De repente el chico que me gustaba buscó la salsa, la derramó y comenzó a gritar histéricamente delante de mis compañeros - ¡Diablos, derramé ketchup! perdón por no avisarte que lo derrame sobre el asiento. Yo no sabía como reaccionar y me quedé callada, el chico me dio su abrigo para cubrirme y me dijo que lo esperara en la puerta del baño que ya regresaba, volvió y me dijo - Yo sé que no era ketchup, tengo hermana y le pedí esta toalla higiénica para ti, luego me prestó su celular para llamar a mi mamá y que me viniera a ver.

Yo sin palabras, ni le agradecí al chico de lo nerviosa que estaba, me fui corriendo hasta que llegó mamá. Al otro día le devolví su abrigo, le agradecí por todo y nos hicimos buenos amigos, ya han pasado cinco años, ya no somos amigos; somos algo mucho mejor, ahora somos novios.

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