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Desde mi adolescencia tuve que usar lentes, una miopía progresiva no me dejaba distinguir las letras escritas en el pizarrón, debo admitir que usar lentes marcó mi vida. Los lentes fueron una barrera que me volvieron introvertida, insegura y con baja autoestima. ¿Fui víctima de Bullying? Claro que sí, como muchos.

Usar algo que me diferenciara del resto hacía que fuera lo primero que veían a la hora de calificarme, de menospreciarme. Recibí muchos insultos, como cuatro ojos, gafitas, ojos al cuadrado, etc. Todos esos insultos me hacían sentir mal, no veía a mis amigos, no salía a divertirme con ellos ¡mucho menos en las noches!

Cuando caminaba por la calle, lo hacía de forma ligeramente encorvada, ya no miraba a nadie a los ojos, ni siquiera a mis compañeros de clase en una conversación normal. ¡Me sentía la más fea del mundo! Para nadie es un secreto que hoy en día el acoso es incesante y se esparce a una velocidad rápida. Al acoso en las aulas se le suma ahora el mundo virtual, lo que hace que sea prolongado y tenga alcances mucho más amplios, ahora excede los límites de la escuela e incluso del barrio.

No obstante, a pesar de todos esos obstáculos llenos de malos sentimientos, siempre conté con el apoyo de mi familia y mis verdaderas amigas. Para mí, fueron un gran apoyo durante esa difícil situación por la cual estaba pasando, sus mensajes llenos de mucho amor y cariño me motivaron a seguir adelante, sin importar las circunstancias.

Y de pronto, todos esos complejos se quedaron chiquitos, muy chiquitos ante este tipo de panorama. Las prioridades cambiaron, mi percepción sobre los lentes también. De a poco fui viendo las cosas con una perspectiva positiva, ahora veo a mi par de lentes como mis mejores aliados, que me sacan de apuros, ayudan a descansar mis ojos y de a poco, pude aceptar los elogios que recibía por parte de mi entorno y pensar que usar lentes ¡Si me quedaban bien!

Todo esto me llevó tiempo y sobre todo experiencias, como pasar por diferentes situaciones que hicieron que lo estético quedara en segundo plano y que realmente lo que importa es lo que está en tu interior. Hoy con orgullo puedo decir que mi visión está llena de amor, y si de pronto tú estás leyendo esto a través de unos lentes, siempre recuerda que tienes ventanas mágicas y una visión de amor.

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