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Nada que vale la alegría (no la pena) es fácil. Ser mamá sin dejar de "ser mujer" es difícil; ¿A qué me refiero con esto? La maternidad es complicada, exige mucho de ti, de tu tiempo y dedicación, de tu cuerpo, tu mente, tu esfuerzo y tu constante actualización para hacer lo correcto cuando se trate de ayudar, educar y hasta disciplinar con amor a tus hijos.

No es algo que te enseñan, ni que naces sabiéndolo, es algo que aprendes "a ser" con mucha paciencia hacia ti misma y hacia las pequeñas vidas que dependen completamente de ti.

Hay días buenos y días malos como en todo desafío. En toda esta travesía muchas mamás se olvidan de "ser mujeres" de mimarse a ellas mismas, de enfocarse en sus sueños y metas, dejan su profesión y sus hobbies, bajan su autoestima, su amor propio, su sentido del humor, la maternidad se vuelve una carga difícil de llevar, y no se la disfrutan como debería ser.

A diario veo y escucho a mamás que cuentan lo que "dejaron por sus hijos", lo que "sacrificaron", lo que "perdieron", y me pregunto ¿es posible ser mamá, mujer y profesional y equilibrar todos esos roles, disfrutándolos sin culpa? ¡Claro que es posible! Requiere más esfuerzo y una rutina más ordenada.

El amor propio no se negocia así seas mamá, es más, tendría que fortalecerse para que tus hijos crezcan con la imagen de una mamá segura de sí misma, que se ama, que sonríe, que vive con alegría y les transmite y enseña eso.

Los hijos e hijas aprenden más de tu ejemplo que de tus palabras, en lugar de decirles que se amen y luchen por sus sueños enséñales con el ejemplo. ¡No te dejes de lado! Haz lo que te gusta, mientras no mueras, ¡vive! No es fácil pero vale la alegría.

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