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¿Cuándo vas a conseguir un chico? ¿Por qué te vistes como niño? ¿Por qué no te gusta el rosa? Todas hemos escuchado estas preguntas, ya sea dirigidas a nosotras o a chicas a nuestro alrededor. Desde que estamos muy pequeñas nos han dicho de qué colores podemos vestirnos, qué juguetes deben gustarnos y cómo debemos sentarnos y hablar. Ir en contra de éstas reglas a veces implícitas y a veces explícitas, se consideró siempre como “poco femenino”.

En los últimos años, en la década que acabamos de despedir, la feminidad ha tomado muchas formas y definiciones, y de hecho ya no se atribuye sólo a comportamientos y gustos obligatorios de la mujer, sino que también el género masculino se ha hecho cargo y ha reconocido su lado femenino, cuando se sienten identificados con nosotras.

Esto ha ayudado tanto a mujeres como hombres a expresarse más libremente, sin miedo de ser juzgados por gustos tan sencillos como un color, un tipo de música, una manera de hablar o una manera de vestir específica.

Sin embargo, aún nos queda muchísimo camino por recorrer, ya que aún existen personas para las que alguien puede ser “poco femenina” y se les juzga y etiqueta a partir de esa clase de términos. ¿Qué significa entonces ser “poco femenina”? ¿Es ser “poco femenina” un defecto?

La RAE define la palabra femenina como “Perteneciente o relativo a la mujer” y “Propio de la mujer o que posee características atribuidas a ella”. Teniendo en cuenta éstas dos definiciones, es pertinente recalcar que las mujeres venimos en todas las formas, colores y características. Entonces ¿cómo puede ser una mujer “poco femenina”, cuando la feminidad la formamos e integramos todas las mujeres? La falta de feminidad no es atribuible a unos jeans anchos, al no usar maquillaje o accesorios, a hablar más brusco o menos refinado. La feminidad es algo con lo que todas deberíamos sentirnos identificadas, porque es nuestra, sale de nosotras.

Ser “poco femenina” no es un defecto en la mujer. Es, por definición, una calificación errónea que se le ha dado a las mujeres que la sociedad encuentra inapropiadas para sus estándares. Es por esto que la sociedad tarde o temprano deberá aceptar la feminidad como una construcción universal, que implica diversidad e inclusión.

La feminidad, por su misma esencia y naturaleza, es de todas nosotras y, como tal, debemos respetarla, defenderla y apropiarla a cada una de nosotras, porque dentro de ella cabemos todas. Comparte con todas las mujeres de tu vida este artículo, y recuérdales que sean femeninas en sus propios términos.

Sé femenina en tus propios términos, y cuéntanos cómo expresas tu feminidad y comparte este artículo con todas las mujeres de tu vida.

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