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En mi pensar, el amor es uno de los sentimientos más maravillosos que el ser humano puede experimentar porque nos motiva, nos inspira y hace que expongamos de la manera más sublime nuestro corazón. Por ello, siempre guardamos en lo más profundo de nuestro ser el deseo de amar sin límites y de encontrar esa persona que desee compartir con nosotros nuestras más grandes expectativas frente a la vida, pero que también quiera ayudarnos a vencer nuestros miedos y nos brinde su apoyo en las dificultades, esa persona que simplemente sueñe con caminar a nuestro lado hasta envejecer.

Este concepto del amor es hermoso, sin embargo, nos hace olvidar que este extraordinario sentimiento debe estar dirigido en un primer plano hacia nosotros mismos. Es decir, si no implementamos en nuestras vidas el amor propio, no será posible encontrar una estabilidad emocional como la que buscamos y solo hallaremos a lo largo de nuestro camino, relaciones con sentimientos de culpa, dolor, rabia, ansiedad y estrés y trataremos de llenar con diferentes personas, un vacío interno que no logrará terminar jamás.

Pero ¿qué es el amor propio? He leído y reflexionado mucho al respecto y llegué a la siguiente conclusión: es aceptarnos tal y como somos con nuestras virtudes y con nuestras fallas, sin tener miedo de mostrar nuestro verdadero ser. Es un sentimiento que nos hace sentir libres, llenos de fuerza y satisfechos con lo que somos, y esto nos permite enfrentar las circunstancias de la vida con coraje. Además, nos permite darnos cuenta que la felicidad nunca podrá sernos otorgada por nada ni por nadie, ésta se encuentra únicamente en nuestro interior. ¡Solo yo soy responsable de mi felicidad!

Hace parte también del quererse a sí mismo, el concepto de cerrar capítulos en nuestra vida y esto es aplicable, no solo a las relaciones de pareja, sino a todos los ámbitos que nos rodean. ¿Se acabó mi relación? ¿se terminó mi trabajo? ¿me mudé de casa? ¿cambié de ciudad? ¿cambié de país? Todas estas son etapas por las que pasamos y debemos dejar ir, para que nuestra vida siga su curso y pueda fluir, porque no podemos disfrutar el presente si nuestra mente se quedó suspendida en nuestro pasado. Así mismo, es muy frecuente que el pasado nos atraiga con preguntas como ¿Qué hubiera pasado si hubiera hecho esto o aquello? Y la verdad es que no debemos torturar nuestra mente con estos cuestionamientos, porque lo que se decidió en el pasado fue lo que creímos conveniente en ese momento, así que, solo aprendamos de esas experiencias y pasemos la hoja.

Solo interiorizando y aplicando lo anterior, es que nuestro ser podrá llenarse de luz y de amor, los cuales podrán ser proyectados de una manera plena hacia las otras personas. Es decir, si realmente queremos tener en nuestra vida relaciones de amor sanas, debemos priorizar nuestros proyectos, nuestros propósitos, nuestra tranquilidad y nuestra paz mental y nunca esperar encontrar la felicidad y la razón de vivir en otra persona.

Así llegamos al título de este pequeño artículo, la magia de amar con conciencia y en este punto quiero referirme específicamente al amor de pareja. Si ya hemos logrado comprender nuestro ser y tenemos nuestra mente tranquila y llena de paz, podremos abrir nuestro corazón y compartirlo con alguien más, sin idealizar sino entendiendo que el otro tiene su propio proceso, tiene sus propias virtudes, sus propias dificultades y miedos que afrontar y que no podemos pretender cambiarlo si no acompañarlo, para que los dos puedan convertirse en una única luz que guie el camino de ambos.

Evidentemente, esto no es algo que pueda obtenerse en un solo instante, porque somos seres en constante evolución y el amor de pareja se va construyendo con un paso a la vez, hasta que en los casos más afortunados llega a un estado de madurez tal que pueda amarse sin egoísmos y con plena conciencia y libertad.

Solo quiero que miremos hacia nuestro interior y nos preguntemos ¿Mi mente está en paz? ¿Soy feliz conmigo misma? ¿Me acepto como soy? ¿Soy consciente de mis virtudes? ¿Soy consciente de mis debilidades y estoy buscando el camino para mejorarlas? ¿Tengo un propósito de vida definido? ¿Sé hasta donde quiero y soy capaz de llegar? Y si todo esto tiene un proceso de claridad en mi mente, entonces puedo preguntarme también ¿Soy capaz de reflejar mi amor propio en otros? ¿Soy capaz de amar de una manera libre y sin egoísmo?

Todo esto con el fin de que reflexionemos un poco sobre la calidad del amor que brindamos y PENSEMOS la vida es muy corta como para no desbordar amor hasta el final de nuestros días.

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