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¡Hablemos, sin tapujos, de nuestras emociones! ¡Sí!, porque no tiene nada de malo sentirnos tristes o preocupadas todo el tiempo y luego estar felices. Es muy importante que aprendamos a entender y aceptar que nuestras emociones cambian, para poder identificar cómo manejarlas y hoy, nuestra invitada Valeria Drago, Psicóloga especializada en la Terapia Dialéctica Conductual en niños y adolescentes, nos contará sobre este tema tan importante del que deberíamos hablar tranquilamente.

¿Cuántas veces nos ha pasado que no queremos sentir ansiedad, tristeza, frustración, celos, etc? Y es que los seres humanos tenemos una tendencia innata a evitar el dolor e intentamos evitar las emociones que no nos son placenteras, lo cual termina generando un mayor nivel de malestar o dolor emocional.

Definitivamente, sabemos que las emociones desagradables como la ansiedad, la tristeza, la cólera, etc., no tienen el mismo estatus que la alegría o el amor que son emociones placenteras. Lo que sucede es que muchas veces hemos escuchado que algunas emociones son malas, negativas, o que no deberíamos de sentirlas, y la verdad es que todas las emociones son válidas y todas ellas cumplen una función muy importante en nuestra vida.

El problema de evitar las emociones, es que se vuelven cada vez más intensas, más frecuentes y más duraderas. Y esto sucede porque nuestro cerebro, al querer evitarlas, nos manda la información una y otra vez. Hay una analogía muy bonita que habla sobre esto y dice que las emociones son como mensajeros que tocan nuestra puerta, y cuando se trata de emociones placenteras, rápidamente las recibimos y leemos el mensaje que tienen para nosotros; sin embargo, cuando tocan las emociones desagradables, ignoramos el llamado. Es ahí, cuando si seguimos ignorando, empezarán a llamar con más insistencia a la puerta y si persistimos acabará quemándonos la casa para que salgamos.

Más o menos así es cómo funciona nuestro cerebro. Si nos esforzamos en ignorar las señales que nos manda nuestro cuerpo, este insistirá en que le hagamos caso.

La clave para regular nuestras emociones es que:

1ero: Dejemos de ignorar el malestar emocional. Tomar conciencia de nuestras emociones implica permitirnos experimentar la emoción tal y como es. Como una ola que viene y va. La mejor manera de hacerlo es primero detectar qué emoción estamos sintiendo, y para eso tenemos que hacer una pausa. Por ejemplo, puede ser cólera.

2do: Lo segundo, es que prestemos atención a cómo se siente en nuestro cuerpo y que experimentemos las sensaciones con mucha curiosidad y tan plenamente como podamos. Por ejemplo, puede que sintamos el rostro caliente, el corazón latiendo más fuerte, la tensión en los hombros y brazos, que notemos los puños apretados, etc.

3ero: Lo tercero, es normalizar su aparición como una respuesta natural como seres humanos que somos, sin juzgarla, y aceptándola con buena disposición. Podemos decirnos a nosotros mismos que tiene sentido que nos sintamos de determinada manera, en este caso cólera, porque nos pasó algo específico. Además, nuestro cuerpo puede ayudarnos a que tengamos una postura de aceptación de la emoción relajando el rostro, haciendo media sonrisa, respirando lento y profundo y haciendo manos dispuestas.

Por último, el problema de no querer experimentar las emociones que no nos gustan, es que si continuamente las evitamos, las emociones se vuelven cada vez más intensas, más frecuentes y más duraderas es por eso que podemos poner en marcha estrategias de regulación emocional como escuchar música, darnos una ducha, pintar, etc.

Así que ya sabes, ¡¡permítete sentir!! Deja que todas las emociones tanto positivas como negativas salgan de ti, y sé un poco más compasiva contigo misma, es hora de darte más amor y comprensión. Y, si quieres conocer más sobre Valeria, corre a ver su perfil de Instagram

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